miércoles, 26 de enero de 2011

El Pensamiento complejo


El pensamiento complejo y los Siete saberes Edgar Morín

II. Los principios de un conocimiento pertinente.
Para que un conocimiento sea pertinente, la educación deberá entonces evidenciar: el contexto, lo global ( las relaciones entre todo y partes), lo multidimensional, lo complejo.
En consecuencia, la educación debe promover una inteligencia general apta para referirse de manera multidimensional, a lo complejo, al contexto en una concepción global.
Francois Recanati decía: la comprensión de los enunciados lejos de reducirse a una manera y simple decodificación es un proceso no modular de interpretación que moviliza la inteligencia general y apela ampliamente al conocimiento del mundo.
La educación debe favorecer la aptitud natural de la mente para hacer y resolver preguntas esenciales y correlativamente estimular el empleo total de la inteligencia general. Este empleo máximo necesita el libre ejercicio de la facultad más expandida y más viva en la infancia y en la adolescencia: la curiosidad, la cual, muy a menudo, es extinguida por la instrucción, cuando se trata por el contrario, de estimularla o, si está dormida de despertarla.
La educación del futuro debe utilizar los conocimientos existentes, supera las antinomias provocadas por el progreso en los conocimientos especializados a la vez que identificar la falsa racionalidad.
III. Enseñar la condición humana.
La educación del futuro deberá ser una enseñanza de primera y universal centrada en la condición humana. También la educación debería mostrar e ilustrar el Destino con las múltiples facetas del humano: el destino de la especie humana, el destino individual, el destino social, el destino histórico, todos los destinos entrelazados e inseparables. Así una de las vocaciones esenciales de la educación del futuro será el examen y el estudio de la complejidad humana. Ella conduciría a la toma de conocimiento, esto es, de conciencia, de la condición común a todos los humanos, y de la muy rica y necesaria diversidad de los individuos, de los pueblos, de las culturas, sobre nuestro arraigamiento como ciudadanos de la tierra.
IV. Enseñar la identidad terrenal.
“Sólo; el sabio mantiene el todo en la mente, jamás olvida el mundo, piensa y actúa con relación al cosmos” Groethuysen
Estamos comprometidos con la humanidad planetaria y en la obra esencial de la vida que consiste en resistir a la muerte. Civilizar y solidarizar la Tierra; transformar la especie humana en verdadera humanidad se vuelve el objetivo fundamental y global de toda educación, aspirando no sólo al progreso sino a la supervivencia de la humanidad, la conciencia de nuestra humanidad en esta era planetaria nos debería conducir a una solidaridad y a una conmiseración recíproca del uno para el otro, de todos para todos. La educación del futuro deberá aprender una ética de la comprensión planetaria.

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